"La armonía de los días grises"
No todo debe ser sol radiante; hay una paz infinita en aceptar la suavidad de los días nublados.
Hemos sido educados bajo la tiranía absurda del sol permanente y la productividad eterna, como si la tristeza o la calma contemplativa fueran anomalías que debieran ocultarse. Sin embargo, los días grises, con su luz difusa y su parsimonia melancólica, poseen una belleza inigualable para mi trabajo creativo. Es en los atardeceres nublados donde mis ideas encuentran la atmósfera idónea para reposar sin presiones. Aceptar que la vida se compone de ciclos climáticos diversos —de tormentas furiosas y de calmas chichas— es indispensable para encontrar mi paz interior. La música que compongo en estos días grises suele ser la más honesta y la que mejor abraza a quienes también necesitan un respiro frente a las exigencias del exterior.