"El arte de escuchar el latido ajeno"
Comprender que cada oyente trae consigo una historia que completa y da sentido a cada acorde.
Ser compositor y escritor no consiste únicamente en saber volcar mis propios demonios y alegrías sobre el papel; es, sobre todo, desarrollar una capacidad casi quirúrgica para escuchar el latido sordo de los demás. En las conversaciones cotidianas, en las miradas perdidas en el metro o en los comentarios anónimos late una marea inmensa de historias anhelantes de ser contadas. Cuando presto atención genuina, descubro que mis dolores personales no son exclusivos, sino variaciones de un mismo pentagrama universal. La empatía es mi herramienta de trabajo más potente. Solo sintonizando con el dolor y la esperanza ajena puedo crear obras que trasciendan mi propio ombligo y se conviertan en patrimonio colectivo de quienes buscan consuelo.