"El peso de una página sin terminar"
El misterio de las historias que aún buscan su final perfecto en el silencio del estudio.
Dejar un capítulo a medias o una pieza musical sin su último compás genera una fricción mental curiosa, un eco persistente que ronda en mi cabeza durante el desayuno, al pasear o antes de dormir. Mi mente aborrece los cabos sueltos y busca instintivamente el cierre definitivo. Sin embargo, en mi terreno artístico, aprender a convivir con la incertidumbre de la página inconclusa es un ejercicio de madurez ineludible. No todas mis historias exigen una resolución feliz ni todas mis dudas merecen una respuesta categórica. A veces, la belleza más honda de una obra reside precisamente en su carácter abierto, dejando que sea quien lee o escucha quien ponga el punto final según sus propias vivencias.