"Escribir con la luz apagada"
Cuando la vista descansa, las manos recuerdan el compás exacto de los sentimientos guardados.
Hay noches en que la vista exterior descansa tanto que mi mirada interior se vuelve hiper lúcida. Escribir con la luz apagada, guiado únicamente por la memoria táctil del teclado o la libreta, elimina el filtro de la censura estética y del qué dirán. Cuando no veo la página, mis manos escriben lo que el intelecto suele reprimir por miedo o pudor. Es un ejercicio de autopsia emocional donde mis miedos más profundos y mis deseos más puros encuentran el camino libre hacia la tinta. La oscuridad del estudio se convierte entonces en un útero protector donde las ideas dejan de tambalearse y adquieren consistencia firme. Aprendí que mis mejores estrofas nacen cuando apago los reflectores del ego y me atrevo a tantear a oscuras los rincones más honestos de mi propio laberinto.